La mejor manera de aprovechar los recursos que tenemos y fomentar un consumo responsable y sostenible, evitando comprar otras cosas nuevas solo por el mero hecho de que ya no funcionen es promoviendo la reparación dándoles una segunda vida.
Combatiendo así la cultura del usar y tirar y la obsolescencia programada. Poniendo en valor los saberes tradicionales y modernos de reparación y fomentando a la vez la persistencia de muchos oficios.